Biblioteca Histórica José María Lafragua

¿Qué es un libro impreso antiguo?

  La historia del libro se remonta aproximadamente a 5 mil años de antigüedad. Es la aparición de la escritura, producto de sociedades con cierto grado de complejidad, lo que hizo manifiesta la necesidad de mantenerla en materiales que se utilizaron para trasmitir información, asignando a algunos de ellos un valor particular como documentos político-administrativos, económicos o religiosos. Las tabletas de arcilla, el papiro, las tablillas enceradas, el pergamino y el papel han sido algunos de los principales objetos en donde se han fijado textos de diversa índole que en un sentido amplio se pueden considerar como libros.

libro impreso antiguo que inicia su producción en Europa, a mediados del siglo xv. Este libro impreso ha sido el resultado de la concurrencia de diversos conocimientos generados por distintas culturas, las cuales subvinieron a sus propias urgencias comunicativas (invención de sistemas de escritura y de notación), desarrollaron variadas técnicas, crearon instrumentos y utilizaron diversos materiales escriptóreos.

  En el siglo xii en Europa se dio la afortunada concurrencia de la introducción del papel (inventado en China en el siglo ii d. n. e.); de la existencia de un avanzado desarrollo de la orfebrería —con larga experiencia en la fundición de medallas y monedas—; así como del uso generalizado de la prensa que se empleaba en diferentes procesos extractivos como el de la uva para producir vino o el de las aceitunas para obtener aceite. El acoplamiento de estos elementos materiales se expresó claramente —después de un proceso progresivo de perfeccionamiento—, en la aparición de la imprenta de tipos metálicos móviles a mediados del siglo xv en Alemania, desarrollada por Johannes Gutenberg.

  A partir de ese momento, con el arte de impresión, se confeccionaron libros en mayor cantidad y prácticamente iguales entre sí, que se aplicaron a satisfacer la creciente demanda por parte de las universidades, los nuevos lectores y —poco después— a las exigencias de la lucha ideológica y política que se libró entre los reformistas y la Iglesia de Roma. La importancia del impreso en la difusión de los conocimientos y de las ideas es un asunto que debe ponderarse a la luz de las investigaciones recientes acerca de la bibliografía material, de la historia de la lectura, de la organización de los talleres de imprenta, de las redes de distribución de los libros, etcétera.

  Esta producción manufacturera del libro duró cerca de cuatro siglos (ca. 1450- 1820) sin sufrir cambio sustancial alguno y concluyó prácticamente con la mecanización de los procesos de impresión y con la utilización de papel industrial, en rollo, elaborado con pulpa de madera en vez del “papel de trapo” (compuesto de celulosa en un alto porcentaje) de los tres siglos anteriores. La primera fecha marca el inicio aproximado de la imprenta y la segunda la terminación de esta empresa manufacturera (capitalista) que, aparte de las innovaciones técnicas mencionadas, sufre cambios en su estructura económica y como consecuencia directa de esto, en el conjunto de relaciones que establecen entre sí los agentes de la producción.

  En las bibliotecas mexicanas que poseen colecciones de libros antiguos, son los libros impresos los que constituyen la mayoría absoluta y de ellos son los impresos europeos los que se encuentran en mayor cantidad; éstos alternan con algunos libros manuscritos, documentos, periódicos, revistas y otros objetos que a lo largo del tiempo se fueron reuniendo en las bibliotecas bajo la consideración, principalmente decimonónica, que asignó a estos lugares el cometido ideal de ser “los templos del saber”.

  Formando parte de la colección de libros antiguos o fondo antiguo —en general—, se localizan diversos conjuntos de libros que pertenecieron a bibliotecas particulares o institucionales y que por diversas circunstancias llegaron a integrarse a la colección general, aunque su procedencia común los dota de una identidad propia como fondos específicos 1.

  Las bibliotecas mexicanas incluyen algunos incunables que junto con otros libros y documentos probablemente formaron parte del equipaje de algún pasajero de indias (funcionario, clérigo, militar, comerciante, minero o empresario); libros de asignación entre establecimientos religiosos y libros de comercio que cruzaron el océano Atlántico provenientes —a través de Sevilla primero y Cádiz después— de algunos otros países europeos; estas fueron las fuentes principales que suministraron el material de las bibliotecas institucionales y privadas durante la dominación colonial en México. No faltaron los libros introducidos, subrepticiamente mediante el contrabando —no necesariamente prohibidos —, que por un afán codicioso burlaron los controles de los oficiales reales y del Tribunal del Santo Oficio. Completan la colección de las bibliotecas mexicanas los impresos locales —de particular interés— realizados en la ciudad de México y otras ciudades importantes de la Nueva España cuya producción fue creciendo en una medida directamente proporcional a las necesidades de la sociedad. 2

  Los libros del siglo xv y los que corresponden a los dos primeros tercios del siglo xvi generalmente se encuentran escritos en latín, que era la lingua franca en Europa, que trataban de asuntos religiosos o aun otros de relevancia política e intelectual. A partir de finales del siglo xvi y en adelante las lenguas vernáculas se fueron imponiendo en los libros de casi cualquier materia. Lo mismo sucede con los temas, ya que los primeros impresos eran libros religiosos en gran proporción, mientras que durante los siglos xvii y xviii se van incrementando los de temática seglar: literatura, ciencias naturales, derecho, historia, técnicas diversas, viajes, etcétera.

  Los primeros 50 años corresponden al periodo de los incunables (1450- 1500), los cuales son libros impresos, pero aún con algunas semejanzas a los libros manuscritos que les antecedieron y que coexistieron con ellos algún tiempo. Los rasgos ordinarios generales que corresponden a los libros incunables son: que estaban faltos de portada; que carecían por completo de documentos preliminares; que el papel utilizado en ellos era de trapo (con un alto porcentaje de celulosa); que en un número significativo tenían colofones que incluían amplios datos del impresor y el lugar donde fueron elaborados; que sus formatos a menudo eran de folio mayor y de un tamaño superior al cuarto, de épocas posteriores; que sus letras capitulares y algunos rasgos ornamentales eran dibujados a mano; que se editaban con letra gótica más frecuentemente que humanista, etc. Su valor fundamental es el patrimonial, considerando particularmente su primitiva factura.

  Pero volvamos a la pregunta inicial que señala el título de este texto ¿qué es un libro impreso antiguo? La respuesta nos la da de manera precisa don Julián Martín Abad quien afirma en su libro Los libros impresos antiguos 3 que éstos son un producto editorial, tipográfico y bibliográfico. Todas estas facetas de su materialidad cobran una especial importancia ante la consideración contemporánea de los valores patrimonial e intelectual que residen en ellos. Es decir, que los libros antiguos son bienes culturales que deben estar sujetos a un tratamiento especializado y bajo una protección legal específica y, al mismo tiempo, son fuentes testimoniales para los investigadores.

  Se dejará de lado por un momento el valor testimonial de las obras, el cual es establecido por los especialistas y corresponde más bien a preferencias particulares y a necesidades específicas de estos estudiosos de numerosas disciplinas del conocimiento. En cambio, se atenderá su aspecto arqueológico y se tratarán de mostrar —textual y gráficamente—, los elementos propios de su estructura, morfología y también de la presencia de aquellas señales que fueron agregando los poseedores de estos libros a través de los muchos años de su existencia. Conocer esto, aunque sea de manera sucinta, nos acerca a la comprensión de la importancia de estos objetos del patrimonio cultural.

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