Biblioteca Histórica José María Lafragua

Estructura de un libro impreso antiguo

 La base material del libro antiguo era el pliego de papel con el cual, mediante dobleces determinados, se confeccionaban los cuadernillos del formato que se buscaba lograr. El pliego de papel usado para impresión era denominado "papel de marca" y tenía diferentes presentaciones 4. Con un doblez del pliego se obtenía el formato "folio" (2 h. / 4 págs.); con dos dobleces, el formato "cuarto" (4 h. / 8 págs.); doblado tres veces, el formato “octavo” (8 h. / 16 págs.); con 4 dobleces parciales, el formato "dozavo" (12 h. / 24 págs.); con cuatro veces, el "dieciseisavo" (16 h. / 32 págs.) y así sucesivamente. Debe aclararse que los formatos de los libros antiguos no poseen medidas exactas, ya que debemos de tomar en cuenta que las dimensiones del pliego variaban para cada molino.

  El papel de trapo (algodón, cáñamo, lino, etc.) era de confección manual y el molde o forma donde se colocaba la pasta de celulosa estaba hecho con un marco rectangular de madera que tenía sujetos un conjunto de alambres colocados en el lado más angosto, los "puntizones", separados entre sí por aproximadamente 2.5 cm. y que servían de sostén a otros alambres perpendiculares a estos, los corondeles 5, cuya separación era de un milímetro aproximadamente. Muchos fabricantes colocaron en el centro de la forma un dibujo o unas letras hechas también con alambre que identificaban al productor—, llamada "filigrana" y que al igual que los corondeles y los puntizones dejaba una impronta (de menor grosoren el papel, conocida por "marca de agua". Estas se pueden apreciar con claridad cuando colocamos una hoja de papel "verjurado" a contraluz.

  El proceso de impresión de los libros antiguos obligaba al taller de imprenta a disponer, fundamentalmente, de un conjunto de tipos metálicos móviles (elaborados con una aleación de plomo, estaño y antimonio) fabricados mediante un proceso complejo en el que se empleaban punzonesmatricesmoldes y finalmente los tipos, que representaban letras o caracteres los cuales se alineaban formando palabras, renglones, párrafos, hojas completas que constituían la forma con el texto la cual, entintada, se depositaba en la prensa y con ella se imprimía el pliego entero en cuatro fases (dos “tiradas” por cada una de sus caras). Aparte de los tipos metálicos se usaban diversas piezas de madera para completar el aspecto gráfico del libro con las que se imprimían tacoscapitularesgrabadosviñetasorlasfiletes, títulos de cabecera, etc.

  Los impresores requerían de colocar señales de uso práctico en los libros para poder organizar la impresión de los pliegos y también disponer el arreglo de los cuadernillos en el orden lógico de la obra, tanto para la imprenta como para el encuadernador. Por esa razón colocaron las "signaturas tipográficas", que consistían en una o varias secuencias de letras, signos o números que se situaban en la parte inferior del anverso (recto) de las primeras hojas de cada cuadernillo y que identificaban a cada uno de ellos; también se componían los textos con "reclamos" que eran letras, sílabas, o aun palabras cortas que se ubicaban al final del texto de una página y que deberían coincidir exactamente con el mismo elemento al inicio de la página siguiente. La encuadernación correspondía al proceso final de elaboración y en muchas ocasiones, si el librero vendía el libro en rama 6), el propietario lo mandaba a encuadernar de acuerdo a sus posibilidades económicas y a su gusto (v. nomenclatura del libro).

  El periodo incunable concluye el uno de enero de 1501 y aunque el proceso de elaboración y los materiales no son distintos a los de los libros posteriores, su aspecto sí comenzó a modificarse con la inclusión de documentos impresos que correspondieron a disposiciones gubernamentales que buscaron regular los factores económicos de su producción, pero principalmente destinados a ejercer controles en la difusión de las ideas relativas a la fe y al cuidado de las buenas costumbres; esto para el caso de los libros publicados en los territorios dominados por la iglesia católica.

  Estos documentos, que en conjunto se han denominado "preliminares", se incluían impresos, entre la portada y el texto, al principio del libro, a excepción del colofón y el registro. De acuerdo a su contenido temático estos instrumentos documentales se pueden clasificar, groso modo, en preliminares legales y preliminares literarios.

  Después de detallar las características de la portada, que es justamente la "puerta" del libro de acuerdo a su etimología, se expondrá una breve descripción de estos documentos conforme a la disposición usual en la que se insertaban en los libros antiguos.

  La portada, es una página que se localiza generalmente al principio del libro, después de las guardas (hojas de protección y cortesía); contiene los datos básicos de los responsables (autor, traductor, editor, impresor, etc.), así como el título de la obra y eventualmente alguna dedicatoria; contribuye ésta de manera efectiva a la identificación y descripción catalográfica de la obra. Su función original fue la de mostrar una reseña sugestiva del libro para promover el interés de los lectores potenciales. El nombre del autor, el título y el pie de imprenta corresponden al orden habitual de los datos que aparecen en esta hoja que regularmente se imprime por su cara frontal (recto). En ocasiones aparece en la portada la marca de impresor, que es un grabado que servía para identificar al taller.

  La evolución de la portada se puede seguir a lo largo de tres siglos (xvi al xviii), advirtiéndose en ella cambios de creciente complejidad tipográfica y riqueza en sus ilustraciones, las cuales fueron realizadas mediante la aplicación de grabados, xilográficos (madera) o calcográficos (planchas de cobre), así como el empleo de otras técnicas que se adoptaron decididamente en el siglo xix. Los frontispicios son esas composiciones artísticas de portadas —que combinan texto e ilustraciones— a las que se ha referido en el párrafo anterior.

  Aparte de la portada, el colofón fue uno de los primeros elementos de identidad del libro. Su lugar se encontraba, invariablemente, al final de la obra y contenía los datos del impresor, algunas veces del editor y el lugar y fecha de impresión; éste se encuentra sin faltar durante los siglos xv y xvi y fue desapareciendo a partir del siglo xvii. Otros elementos, no siempre presentes en el libro antiguo son la anteportada, página que podía contener un grabado con algunos datos de la obra y que precedía a la portada, el índice o la tabla de materias del libro; el registro —usado en los primitivos impresos—que era la relación de las signaturas tipográficas utilizadas en la obra.

  Entre los documentos preliminares legales se encuentran:

  1. El privilegio para la edición de una obra era un documento no obligatorio, aunque deseado. Se trataba de una merced, otorgada como respuesta positiva a una petición dirigida al rey o a su consejo y formulada por un autor o editor. Concedía la exclusividad de la impresión y de la venta de un determinado libro en un delimitado reino o reinos y por un periodo establecido. El privilegio se otorgaba mediante una cédula real por parte del rey o, en los territorios dependientes de la corona, a través de una instrucción del virrey y aun de algún dignatario eclesiástico. Generalmente se concedían 10 años de exclusividad, aunque las peticiones eran por 20 años o más. Este privilegio podía renovarse y concederse prácticamente a perpetuidad a corporaciones religiosas o a algunos particulares para su beneficio, sobre todo para la impresión de libros de uso corriente y gran demanda como cartillas para la instrucción, bulas, gramáticas, etcétera. Cuando el texto del privilegio no se reproducía completo se señalaba como suma del privilegio (resumen).

El que un libro careciera de privilegio, exponía al autor intelectual y a quienes habían invertido recursos y tiempo para su confección, a que cualquiera lo pudiera reproducir y sacar ventajas pecuniarias de él, sin siquiera contar con el consentimiento de su propietario intelectual.

  1. Las licencias eran autorizaciones breves concedidas excepcionalmente por el rey para una sola impresión, pero regularmente otorgadas por el superior de una orden a los religiosos de la misma y/o por el obispo del lugar para sancionar la ortodoxia de las obras. En estos textos "…se declaraba que el libro se publicaba con permiso de la autoridad civil o eclesiástica. (…) se reproducía detrás de las aprobaciones de los informadores designados haciendo referencia de sus nombres y cargos" 7.

  2. La tasa era el precio al que debería venderse del libro, establecido por las disposiciones gubernamentales. "La valoración se hacía respecto al ejemplar en rústica…" 8 y afectaba a los pliegos utilizados en éste. Un escribano del Consejo daba fe de la tasación hecha al libro, salido de la imprenta, y otorgaba el documento que debía imprimirse e incluirse en los preliminares Fue suprimida en España por Carlos iii en 1762, cuando se estableció la libertad de precio. Algunas veces aparece sólo un resumen de ésta denominado suma de la tasa.

  3. La aprobacióncensuraparecer o sentir son términos con la misma connotación y correspondían a dictámenes legales solicitados u ordenados por las propias autoridades civiles y religiosas a personas doctas autorizadas, quienes revisaban la obra y daban su veredicto, no siempre con objetividad y sujeto a su personal criterio, lo cual estorbaba o facilitaba la publicación según la rigidez o laxitud del censor. Era necesario presentarlos, previamente, para la obtención de las licencias.

  4. La fe de erratas, lista de errores encontrados a lo largo del texto, servía para comprobar la exactitud del impreso, cotejado con su original; sea que se trate de otro impreso o de un manuscrito. Conviene señalar que la corrección de la imprenta y la del autor eran distintas a la de los correctores oficiales; mientras las primeras vigilaban el buen uso del idioma y la legibilidad de la obra, en las segundas los correctores oficiales vigilaban que no se hubiera alterado en nada el original presentado respecto del ejemplar impreso.

  Los preliminares literarios correspondían a textos que tenían el propósito de presentar al autor y a su obra o a exaltar a algún personaje.

  1. La dedicatoria aparece ya en los primeros libros y de ella parecen derivar algunos de los preliminares literarios de épocas posteriores como el prólogo, aunque no se considera ésta como un género literario. De acuerdo a José Simón Díaz en "El libro español antiguo" sus destinatarios podían ser la deidad misma y demás entes sobrenaturales, instituciones y en gran medida personajes de la nobleza con cargos públicos e influencia, comenzando por los reyes mismos y sus familias; en otros casos —los menos— las dedicatorias estaban dirigidas a amigos y familiares.

  2. Poesía laudatoria. A menudo se insertaban textos poéticos que eran escritos por el autor o amigos del autor; en el primer caso el escritor cultivaba su vena poética para "presentar" su propio libro y en el segundo, eran los amigos quienes cumplían con esa tarea y lo presentaban, al igual que a su obra, en términos elogiosos. Durante el siglo xvii el número de poemas incluidos como preliminares, pretendían dar cuenta de la importancia del autor o de las relaciones de influencia que este mantuviera.

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